viernes, 26 de agosto de 2011

BASTAdeTaS

BASTAdeTaS: Basta de tracción a sangre.
LIBERA! Asociación Animalista nació en Barcelona en el año 2004, y lo hizo con el objetivo de informar a toda la sociedad de la explotación a la que son sometidos los animales, para que de ese modo se produzca una toma de conciencia colectiva respecto de esta injusta y repetitiva situación.
En Argentina, desde mayo del 2011 lleva adelante la Campaña BASTAdeTaS, junto a la Fundación Franz Weber de Suiza, con el fin de erradicar la Tracción a Sangre en todo el territorio.
Este medio de transporte es habitual en los ámbitos urbanos por parte de colectivos auto-gestionados que se dedican a la recolección de residuos, vendiendo lo recogido a empresas que se dedican a su reciclaje.

Por los animales:

En nuestro país aún se permite la tracción a sangre en el medio urbano, lo que implica un gran sufrimiento a miles de caballos que no reciben atención veterinaria ni alimentos adecuados; los golpes y malos tratos forman parte de la vida diaria de estos animales. Utilizados para tirar de carros, atraviesan las ciudades en viajes para el transporte de cartones, chatarra y otras basuras.
Este fenómeno se encuentra en crecimiento. Hoy hay cerca de 70.000 caballos víctimas de malos tratos en el país, lo que derivó en el rechazo social hacia estas prácticas y, hacia quienes conducen estos carros.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Un día será una plaza

Hace 18 años, Sandra Ponce observaba un gran espacio baldío frente a su casa en la ciudad de Merlo (provincia de Buenos Aires).
Ese lugar debía ser transformado en una plaza, pero el municipio de Merlo jamás la construyó. Se utilizaba, y se usa, para jugar al fútbol.
Hoy Sandra aún conserva las cartas que envió al intendente en aquella oportunidad, junto a 300 firmas que había recolectado de sus vecinos, solicitándole la construcción de la plaza. A ese esfuerzo y gracias a su iniciativa, se unió el colegio donde cursaban sus hijos, con la campaña “Mil firmas por la plaza”.
Nunca obtuvieron una respuesta.
Un día, junto a unos amigos, plantaron, eucaliptus, pinos, sauces y paraísos en el terreno. Luego vino la difícil misión de protegerlos, y hasta pasó noches sin dormir, puesto que apenas eran unas tiernas ramas expuestas a la inconsciencia de la gente.
Luego de cada partido de fútbol, salía junto a sus pequeños hijos a juntar los desperdicios: botellas de plástico, papeles, bolsas, etc., y además se hacían cargo de cortar el césped del espacio verde.
También solía, junto a otros niños, colgar carteles en los árboles, con mensajes para que los vecinos comprendieran la necesidad de parquizar (argentinismo: transformar un sitio en un parque) el predio.
Pasados los años, los árboles están allí, gigantes y hermosos.
Sandra sueña con que el lugar cuente con más árboles, sendas, bancos, hamacas, es decir, una plaza para todo el barrio y no un simple campo de fútbol que utilizan unos pocos.
También cuenta que hay muchos espacios similares a ese, pero no ve que los vecinos se preocupen por plantar árboles y menos aún las autoridades.
Luchó y lucha por eso, contra el autoritarismo y la corrupción, para que la gente comprenda que somos seres de paso, pero que en este momento somos nosotros los dueños de la Tierra y debemos amarla y dejarla con cosas buenas para las generaciones futuras.
Suele mirar a “sus” árboles y comprende que ellos le devuelven con su fuerza, todo el amor y la protección que les brindaron.


Los árboles plantados por Sandra.

Los árboles frente a la casa de Sandra.




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viernes, 19 de agosto de 2011

¿Qué pasará con nosotros?

¿Qué pasará con nosotros? - Cuento de Sergio Cossa.
Lo primero y necesario es presentarme, para que su imaginación no comience a volar en el intento de descubrir quién le habla. Soy un libro y llevo sesenta años en esta biblioteca. Uno de los más viejos por acá.
Finalizado el debate entre los que compartimos este mueble, me eligieron como interlocutor en consideración de mi edad y de mi género: hablo de historia. Y entre todos queremos contarle la nuestra.
Es mi deber ubicarlo en el espacio: somos unos doscientos en la pared de la casa de Ernesto. Hay varios estantes y yo los miro desde arriba, aunque no siempre estuve tan alto.
Como le digo, mi especialidad es narrar hechos cronológicos y así puedo comenzar contándole que llegué cuando Ernestito salía de su niñez. Compartí una pila de libros que había en su mesa de estudio. Si uno carga con el pomposo nombre de “Historia Universal de la Humanidad”, es lógico que haya nacido obeso, con la consecuencia de acabar siempre debajo del resto en esa pila. Pero no me molestaba: fui el preferido del joven y muchas veces descansé junto a su cama.
La presunción de mi comentario no debe apartarme del cometido, aunque puedo agregarle que solo yo quedo de aquellos primitivos libros de estudio.
Después Ernesto comenzó la universidad y sus padres le regalaron este hermoso mueble de roble donde vivimos.

jueves, 18 de agosto de 2011

Cambio climático: los hielos

Solo para recordar lo que se viene.


Retroceso de glaciares por el calentamiento global.

Retroceso de glaciares por el calentamiento global.

Retroceso de glaciares por el calentamiento global.

Video de Greenpeace sobre los glaciares patagónicos, en el año 2010:


En estos días sigo con la serie, los bosques, el aire, etc.
Como para tenerlo en cuenta, nada más.

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lunes, 15 de agosto de 2011

Elsa Bornemann y su madre

Elsa Bornemann - Escritora argentina.
"—¡Bornemann, Elsa!
"—Presente, señorita.
"—Muy bien, ¿nos puede decir el nombre de su mamá?
"—Sí.
"—A ver, díganos.
"—Blancanieves.

"'La carcajada de todo el grado no le hizo mella, ni entonces ni después. Cada una de las veces en que la maestra preguntó, ella respondió lo mismo. Que su mamá se llamaba Blancanieves Fernández, y que era cierto.
'Cada vez que yo decía Blancanieves, todos empezaban: Ja ja, la mía Caperucita, la mía Cenicienta. Se creían que era un invento.'
"Pero no. Blancanieves Fernández es morena, descendiente de portugueses y españoles, casada —a disgusto de ambas familias— con el alemán, de Hannover, Wilhelm Karl Henri Bornemann, relojero y campanero venido y quedado para colocar reloj y campana del Concejo Deliberante...

De la biografía de la escritora Elsa Bornemann que pueden leer en este enlace de Imaginaria.


Un elefante ocupa mucho espacio - Libro infantil prohibido.

Su libro infantil prohibido durante
la última dictadura militar argentina.

¡Nos leemos!

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lunes, 8 de agosto de 2011

Historia de un plagio (y de no saber pedir perdón)

Historia de un plagio.
El día domingo 31/07 en el diario local Puntal, el multicrítico Ricardo Sánchez publicó el cuento "La edad del pavo", plagiado al escritor-poeta-periodista cordobés Daniel Salzano.
En este enlace de MeGusta Leer, escribí una nota sobre esa historia.
Es interesante.
Habla de plagiadores y cobardes.

¡Nos leemos!

viernes, 5 de agosto de 2011

Lo que no es de uno




A las cuatro de la madrugada el sueño termina y Fabricio abre los ojos. El aire frío de la habitación invade sus pulmones, invitándolo a permanecer en el calor de la cama. Se esfuerza por levantarse y enciende el ordenador ubicado sobre la pequeña mesa a su lado. La luz del monitor desparrama una claridad metálica que lo ayuda a encontrar la ropa helada. Va hasta la cocina, apenas una hendidura en una pared del monoambiente;  prende el horno para calentar el lugar y una hornalla donde hay una jarra con café. Luego, comienza a teclear el algoritmo de programación que soñó hace unos instantes.
Palabras dormidas y sin sentido lo sobresaltan y vuelve su vista a la cama. Del acolchado escapa un pie de Camila, enfundado en una media rayada. Por la otra punta asoma su revuelta melena rubia. En el medio, en el revoltijo de sábanas y colchas, adivina la serpiente de su cuerpo perfecto. Las curvas treintañeras que desea desde hace tiempo.
Programa hasta las seis y regresa a la cama. Tiene sueño, pero su cerebro excitado debido a la concentración lo mantiene despierto. Mientras se relaja, repasa su condición de vida y los cambios que han ocurrido.



Aceptaba que era un mediocre analista programador. Durante años deambuló por empresas de desarrollo de software, hasta que lo contrataron en una multinacional que controlaba los sistemas informáticos de las autopistas. A pesar de sus treinta y dos años, ingresó con sueldo de principiante, apenas suficiente para escapar de la pensión donde subsistía y alquilar ese diminuto apartamento. No disponía de calefacción y las manchas de humedad invitaban a imaginar figuras, pero allí, al menos gozaba de privacidad para alguna aventura femenina.
En la empresa lo habían instalado en un cubículo diminuto y al poco tiempo le acoplaron otro recién ingresado, un joven, quien le recordaba sus primeros pasos después de acabar la carrera de sistemas y le ocupaba el escaso espacio libre que disponía.
–Hola, soy Jeremías. ¿Sos de Capital?– preguntó el nuevo.
–Fabricio. Rosarino.
–Yo también soy del interior. De un pueblito cerca de Córdoba. Terminé la carrera de analista y me salió una beca para trabajar acá y hacer la licenciatura.
–Ajá.
–¿Vos sos analista?
–Sí.
Hablaban de espaldas, pues el lugar no permitía siquiera girar las sillas.
–¿Hace mucho que trabajás acá?
–Dos meses. Che flaco está todo bien, pero terminá con la charla que estoy laburando.
Durante las diez horas que permanecía en la empresa, lo único que veía eran los tabiques de madera pintados de gris; las pausas para servirse café o ir al baño se transformaban en recreos. Intercambiaba algunas palabras con sus compañeros y admiraba las piernas de Camila, la rubia encargada de diseño web, que se ofrecían sabrosas bajo su minifalda. Su aspecto exuberante se destacaba como una pirámide en un mar de arena. Una pirámide inalcanzable, según los comentarios.
Dos mañanas a la semana, el plantel se reunía en la oficina del jefe de programadores, para analizar el avance de lo que desarrollaba cada uno. Fabricio padecía esas juntas de trabajo. Allí quedaba expuesta su mediocridad y terminaba con la impresión de que en cualquier momento prescindirían de sus servicios.
Una de esas mañanas percibió que los ojos verdes de Camila se detenían sobre los suyos. ¿Habría sido una coincidencia? ¿Quizás escapaba de las miradas perpetuas de sus compañeros? Para quitarse la duda se acercó a ella junto a la máquina del café.
–Cami, siempre me pregunté si vivís por acá cerca.
–¿Y por qué te lo preguntaste?
– Porque podría invitarte a tomar algo cuando salís, si no tenés que viajar lejos.
–Vivo a quince minutos, pero igual te agradezco la invitación. Tengo planes para hoy.
–¿Y habrá algún día que no tengas planes?
–¿Esa pelada que tenés es natural o te rapás porque te dijeron que te queda bien?
–Es natural. Después de los veinticinco me quedé sin pelo.
–Mirá, Fabricio. Me gustan los pelados como vos. Sos atractivo, tenés buen lomo… ¿pero sabés qué? Necesitás subir varios escalones. Así que dejalo ahí. Quién te dice más adelante… aunque por lo que se comenta venís mal para un ascenso.
No le duró mucho el desaliento. El rechazo de Camila fue por una cuestión de estatus, lo cual confirmaba la situación en la que él vivía. Al final, provocó un rebote positivo en su ánimo. Si su problema era la mediocridad, entonces la superaría, si no con sapiencia, al menos con esfuerzo. De regreso a su apartamento, preparó una jarra con café y se sentó frente al ordenador, para continuar el trabajo que desarrollaba en la oficina. Analizó líneas de código, fue y vino por los algoritmos, buscó información en internet y deslizó preguntas en los foros de programadores. Pasada la medianoche poco había avanzado. Cinco horas de batalla mental y aún le quedaba un módulo que no podía resolver. Sin embargo, su decisión de esforzarse lo conformó. Miró a su alrededor, sus cosas, su trabajo, las cuatro paredes del pequeño ambiente y se dijo: “Este es mi lugar en el mundo”. Agotado, se fue a dormir.
Abrió los ojos y buscó el reloj en la oscuridad: las cuatro. Como un autómata se levantó y encendió el ordenador, esperó ansioso a que se inicializara y tecleó lo que acababa de soñar: la solución a su módulo imposible. El nuevo código era exquisito, magistral. Encajaba como la pieza que completaba el rompecabezas. ¿Funcionaría en la oficina? No esperó a que amaneciera. La empresa contaba con una guardia permanente y los servidores jamás se apagaban. Llegó, saludó a los operadores adormecidos, introdujo su trabajo en el ordenador y comprobó que el sistema marchaba perfecto.
Durante el día repasó la lógica con la que había intentado resolver el módulo. Comprendió que sus análisis habían pasado muy lejos de la dirección correcta. Terminó vinculando el hecho fortuito de la resolución, a que su cerebro, estimulado por el esfuerzo, trabajó en forma subconsciente hasta dar con la fórmula.
Volvió a ocurrir dos noches después. A la misma hora, lo despertó un sueño similar, con un nuevo código que resolvía lo que debía desarrollar. No se lo atribuyó al esfuerzo de su cerebro, puesto que se había acostado pasado de alcohol, luego de una cena con sus compañeros de trabajo.
Después de un mes de repetirse el hecho con frecuencia, desistió de preguntarse qué ocurría. Cómo y por qué brotaban esos sueños. Cuál era el disparador que encendía la química de sus neuronas, para que dibujaran algoritmos perfectos en su mente. Porque no solo aparecía la solución, además, su calidad era insuperable.
La empresa reconoció sus logros. En las reuniones recibió elogios y le otorgaron un cubículo espacioso y a solas. La exigencia a su trabajo también creció, por lo que planeó una rutina que se adaptaba a sus actividades nocturnas. Durante el día se relajaba, leía, interactuaba en las redes sociales y cargaba el pendrive para llevarse el trabajo a su apartamento. Cenaba temprano y se dormía con la certeza de que el anhelado sueño lo despertaría a la madrugada.
–Los gerentes te mandan una buena noticia: desde el lunes te hacés cargo del Proyecto Ruta Quince– le dijo su jefe.
–¡El Ruta Quin…!
–Después de que te cambies a la oficina azul se te indicará el equipo de trabajo que vas a dirigir. La verdad es que hace diez meses no daba nada por vos. Ahora tengo que felicitarte.
Era uno de los proyectos más ambiciosos y él sería líder del grupo de desarrollo. Implicaba un incremento en sus responsabilidades, pero además un destacado cambio de estatus y un sustancial aumento de salario. La oficina azul era una de las dos vidriadas del salón y le ofrecía una vista panorámica del cubículo de Camila.
–Debo reconocer que subiste los escalones muy rápido. Parece que teníamos un Bill Gates escondido– le dijo la rubia una tarde.
–Bill Gates nunca aprendió a programar y trepó las escaleras mucho más rápido que yo. Pero bueno, acá estoy.
–Y decime, ¿sigue pendiente aquella invitación a tomar algo?



Ahora la disfruta a su lado, siente el calor de su cuerpo y su respiración sosegada. Se duerme con una mano apoyada en sus caderas.
–Fabri, lo de anoche estuvo fantástico, pero vas a tener que hacer algo con tu casa. ¡Es una heladera!– comenta Camila mientras desayunan.
–Lo sé. Ya estoy pensando mudarme. Te cuento algo: me buscan de otra empresa para un cargo de analista ejecutivo.
–¡Mi amor! ¿Y es una buena propuesta?
–Sí. Antes de que me dieran el Ruta Quince los había llamado por si necesitaban programador. De alguna forma se enteraron de mi ascenso y me quieren llevar.
–¿Y qué vas a hacer?
–Creo que voy a aceptar. Es un mejor puesto y mayor salario. Acá tengo poco más de un año de antigüedad, así que no pierdo nada. Hasta me podría comprar un auto.
–Entonces no demores mucho en decidirte, corazón. Me gusta estar al lado de los mejores.
Unos días después envía el telegrama de renuncia y su jefe estalla contrariado:
–¡Nos abandonás en medio de un proyecto y para trabajar con la competencia! A los que nos dejan, los invitamos a regresar si les va mal. Pero vos no te molestes en volver.
–No te preocupes, voy a estar mejor que acá. Y tal vez más adelante me lleve a algún otro.
Luego de establecerse en la nueva empresa, pedirá que incorporen a Camila y a Jeremías. El cordobecito es el único que lo ayudó cuando no encontraba el rumbo, antes de que comenzaran sus sueños extraordinarios. Vive lejos de la capital y viaja dos horas para llegar al trabajo.
–Jere, en unos días desocupo el monoambiente; me mudo al centro –le dijo–. ¿Por qué no te cambiás ahí? Es barato y te ahorrás horas de tren. Te salgo de garantía para el alquiler, si querés.
El edificio de la nueva compañía lo intimida con su cuerpo de acero y vidrio. Lo presentan con el énfasis que demandan sus antecedentes y se instala en una luminosa oficina del piso veintidós. Desde allí ve cómo el sol da de lleno sobre el complejo de apartamentos al que se mudó. Alquilar ese piso amoblado es una apuesta económica fuerte, pero las apariencias de su nuevo nivel de vida lo exigen.
Mientras los gerentes diagraman el área que tendrá a su cargo, le entregan una serie de módulos a desarrollar de urgencia.
–Comprendemos que esta no será su ocupación en la compañía, Fabricio, pero la reestructuración nos atrasó con los plazos de entrega y no podemos distraer personal– le dicen.
Dedica el resto del día a interiorizarse sobre los sistemas a resolver y deja el trabajo a su mente, para que lo concluya mientras duerme.
Esa noche, rechaza el pedido de Camila para ir a conocer el apartamento. Desea disfrutar en soledad de la calidez de su nuevo hogar. Compra comida y cena con buen vino. Lo rodea un entorno muy distinto al que tenía en el monoambiente. Los muebles, el espacio. Una gran pantalla de televisión reemplaza a las manchas de humedad y el ordenador ya no está pegado a su cama: cuando el sueño lo despierte, irá al estudio que montó en la habitación contigua.
La claridad de la mañana, a través de las cortinas, lo impulsa a sentarse en la cama. Se despereza, prepara café y enciende el televisor con un repique de alarma en el subconsciente. ¿Qué está mal? El reloj indica las nueve y cinco, no llegará tarde al trabajo. Se durmió rápido y profundo gracias al vino y se siente descansado. ¿Qué está mal?
Mientras muerde una tostada lo comprende: ¡no ha soñado! No se despertó a las cuatro con la solución de los programas. Es la primera vez que le ocurre y marcha hacia la compañía con los pensamientos revueltos. Durante el día se tranquiliza. Se dedica a repasar los códigos, los cuales no termina de entender y confía en que esa noche volverá a soñar.
Soporta el mal humor de Camila, ante un nuevo rechazo de pasar la noche juntos. Come liviano y no prueba el vino. Duerme mal y se despierta de a ratos mirando el reloj. Las dos, las cuatro, las seis. El amanecer lo descubre con los ojos abiertos y demasiados interrogantes.
Durante las noches siguientes intenta diversas opciones. Invita a Camila, sale con amigos y regresa tarde; combina comidas, bebidas y compañías. Pero los sueños reveladores no regresan.
En varias oportunidades los gerentes le solicitan que termine los módulos, pero la dificultad de desarrollo va más allá de sus conocimientos. Los reclamos pasan de comentarios como: “Imaginamos que se está adaptando”, a otros más tajantes: “¡Necesitamos entregar eso mañana! ¿Seguro que lo sabe hacer?”
Veinte días después le dicen:
–Fabricio, nos preocupa su falta de resolución en este tema. Vamos a tomarnos un tiempo antes de confiarle la dirección ejecutiva del área de desarrollo. Tal vez necesite unos meses de adaptación. Lo reubicaremos hasta que retorne al nivel que indica su currículum.
No vuelve a despertarse con la solución a los programas. Pasa por descensos continuos sufridos por su ineptitud, hasta que lo ubican en el sector de diseño básico, junto a los jóvenes ingresantes. Su salario disminuye en forma paralela y debe abandonar el lujoso piso a cambio de un descascarado apartamento en la provincia. Igual suerte corre su estado anímico. Le resultó fácil acostumbrarse a una vida placentera, más su corazón no tiene el temple para soportar el descenso a un nivel de subsistencia precaria.
Evita contarle de su debacle a Camila, hasta que la situación se torna insostenible y un atardecer caluroso, mientras toman una cerveza en un bar, le confiesa:
–Tuve que abandonar el piso. Me va mal en la compañía y me bajaron el salario. No me alcanzaba para pagar ese alquiler.
–¿Cómo es eso? ¡¿Cómo te van a bajar el salario en un cargo ejecutivo?!
–Es que ya no tengo ese cargo… No quería decirte, pero hace un tiempo me pasaron como programador junior.
–¡¿Programador junior?! ¿Y para dónde te mudaste?
–Conseguí un apartamentito para el lado de Berazategui. Es medio chico, pero tengo buenas combinaciones de transporte.
–¡¿Berazategui?! ¡Tenés como tres horas de viaje en micro!
–Y sí…
Después de esa tarde la rubia desapareció de su vida. Al principio le presentó excusas para evitar una cita y por último ya no contestó a sus llamados.
Añora la buena calidad de vida que le permitían sus inusuales sueños y a Camila, que completaba aquel cuadro hedónico. Va a buscarla a su trabajo y ronda nervioso por la esquina de la empresa, atento a la salida del personal.
–¡Fabricio! ¡Cómo andás! –le dice Jeremías, quien es el primero en aparecer.
–Bien. La espero a Camila. ¿Está todavía en la oficina?
–No. Se fue temprano con uno de los gerentes.
–Ah…
–Che Fabri, al final nunca te agradecí por la garantía que me firmaste para el monoambiente. La verdad es que me hiciste un gran favor.
–Sí. Todo bien.
–¿Cómo andan tus cosas? ¿Disfrutando esa vida de ejecutivo?
El cordobecito parece no tener apuro y él solo desea esfumarse del lugar.
–Sí, todo bien che.
–A mi me va genial. En el trabajo y en la facultad. Mudarme a ese apartamento me cambió la vida.
–Me alegro.
–¡De veras! Me despierto todas las noches a las cuatro en punto. Abro los ojos y tengo en la cabeza la solución a los programas que estoy desarrollando. ¿Qué loco, no?

© Sergio Cossa 2012

jueves, 4 de agosto de 2011

Instituto de Conservación de Ballenas

Instituto de Conservación de Ballenas
El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) es una organización civil sin fines de lucro cuya misión es la conservación de las ballenas y su medioambiente mediante la investigación y la educación. Fundada en Argentina en 1996, tiene su sede operativa en Buenos Aires, con representaciones en Puerto Madryn y Córdoba. Junto al Whale Conservation Institute / Ocean Alliance de EEUU (www.oceanalliance.org), el ICB lleva adelante el Programa de Investigación Ballena Franca Austral (PIBFA), iniciado en 1970 por el Dr. Roger Payne. Su principal objetivo es monitorear el estado de la población de ballena franca en Península Valdés. En sus primeros años, el ICB concentró sus esfuerzos en el fortalecimiento y continuidad del PIBFA. Con el correr del tiempo fue adaptándose y planteando estrategias ante las crecientes amenazas que afectan la biodiversidad, surgiendo así sus objetivos aplicados a la conservación. Las actividades del ICB se centran en tres pilares fundamentales:

INVESTIGACIÓN
EL Programa de investigación Ballena Franca Austral, fue iniciado por el Dr. Roger Payne en 1970 descubrió que podía identificar ejemplares de ballenas francas austral teniendo en cuenta la diferente forma y localización de las callosidades que se encuentran sobre sus cabezas. De este modo hoy el ICB a través de su equipo de investigación conformado por biólogos argentinos y dirigido por el Dr. Mariano Sironi lleva adelante en Argentina el Programa de investigación de mayor continuidad en el en el mundo efectuado sobre una ballena barbada, basado en el seguimiento de individuos identificados a través de fotografías aéreas. Desde 1970 hasta el presente, los proyectos realizados sobre esta población de ballenas en la costa Patagónica han generado información esencial para su manejo sustentable y conservación a largo plazo, tanto en el plano nacional como internacional.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Corrección del borrador de El vuelo del ranoraky

El vuelo del ranoraky - Sergio Cossa
El 24 de junio escribí que ya me entregaban el borrador de mi novela. Al final hubo una demora de más de un mes porque los tiempos de Rubén (quien lo estaba leyendo) venían complicados.
Ayer el borrador volvió a mi manos y luego de una charla de dos horas con él sobre generalidades y datos específicos a ser observados, comencé la corrección definitiva.
Si uno aprende a dejar de lado la ansiedad, es al extremo valioso que pase suficiente tiempo sin tocar el borrador antes de volverlo a leer. Maduran tanto el texto como el escritor y el sabor se torna más dulce.
Los comentarios de Rubén (gran escritor y director durante años de talleres de narrativa) fueron superadores y un estímulo siempre esperado.
Tengo por delante unos quince días para releer, repensar, reescribir y todas esas rees.
Y me parece maravilloso.

¡Nos leemos!

Ciudad reciclada

Cecilia Ianni y su árbol de navidad reciclado.
Cecilia Ianni vive en Coronel Pringles, una ciudad de 23.000 habitantes al sur de la provincia de Buenos Aires y cuya principal actividad productiva es la ganadería.
Siempre interesada en los aspectos ecológicos y el medio ambiente, desde hace más de dos años inició un emprendimiento artesanal de elaboración y creación de productos en base a elementos reciclados.
Posee una diversidad de más de 200 productos que abarcan accesorios como anillos, veladores, centros de mesa, souvenirs, mesas ratonas, etc.
Nada se resiste a su proceso de reciclaje. Con botellas de plástico de gaseosas y leche hace flores cortando la base y pintándolas, o derritiéndolas con fuego o pistola de calor para darles diferentes formas, como los candelabros.
Los envases plásticos de shampoo son reciclados para muebles de muñecas, como sillitas y con calor los transforma en bijou que asemeja el carey.
Candelabros reciclados.
Las computadoras viejas y sus accesorios también son una buena fuente de materiales para crear todo tipo de artículos. Con las teclas se fabrican anillos, llaveros con partes de las plaquetas, los discos rígidos sirven para hacer relojes y porta retratos y unos futuristas adornos florales surgen del trabajo con los obsoletos CD´s.
También recicla cajas de cartón de todas las medidas y viejas muñecas de plástico que regresan con renovada alegría para divertir a los pequeños.
Para esta última Navidad, la Municipalidad de Coronel Pringles lanzó un concurso de árboles navideños. Los requisitos principales eran que midieran más de tres metros de altura y soportaran por espacio de un mes la intemperie.
Construyó la base del árbol con 86 botellas de plástico. Luego armó tres pisos de un metro cada uno con un total de 840 cajas de cartón de repuestos para autos. La punta del árbol fue un bidón para agua con una pieza de un viejo lavarropas. Su trabajo resistió dos meses y medio bajo el viento, la lluvia y el sol.
Cecilia trabaja en otro proyecto que apenas se va materializando. Sueña con capacitar a la gente para que intente salvar lo que van a tirar a la basura y pueda ser reutilizable, convirtiéndolo en algo útil de nuevo.
Desde su casa, porque aún no puede costearse un salón o viajar a la zona, da clases a alumnas que aprenden todo lo que implica reciclar y reutilizar. Ella sostiene que la difusión y la toma de conciencia harían más fácil la lucha contra las grandes cantidades de basura domiciliaria y los problemáticos basurales clandestinos, hasta lograr una "ciudad con conciencia de reciclado".

Cecilia construyendo el árbol de navidad reciclado.
Construcción del árbol de navidad reciclado.



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