miércoles, 28 de diciembre de 2011

Año viejo, año nuevo

El 2011 se va hecho pelota.
El 2012 está a punto de nacer, pero tiene los días contados: 365. Aunque algunos afirman que serán menos, con eso de los profetas mayas...
Tenía la idea de escribir un balance de este año, pero hace tres días que reniego con mi PC, que funciona mal y no le encuentro la vuelta y me pone de mal humor, ya que vivo pegado a la pantalla por mi trabajo.
Así que simplemente diré lo que estoy haciendo: escribo microrrelatos, minicuentos y todas esas pequeñeces, con la idea de armar una antología y publicarla el año que viene.
Además de seguir con la promoción de El vuelo del ranoraky y el paseo por los blogs y redes sociales amigas.
Al final, hago lo que me gusta :)
Nada más.
¡Un saludo y feliz año!
(Lo necesitaremos)

¡Nos leemos!

viernes, 16 de diciembre de 2011

Sorteo: Cuesta de Diciembre


Iraya Martín, en su blog Midnight Eclipse (el portal que abre a medianoche para hacerte desaparecer entre las páginas de un libro), comenta que tiene la suerte de poseer sus estantes saturados de libros.
Como los tiempos de lectura no son suficientes, piensa que lo mejor es que algunos de ellos pasen a mejores dueños.
De allí es que lanzó un interesante sorteo de 6 libros:





  • Cielo Rojo (David Lozano
  • Mi Chica Fantasma (Tamsyn Murray)
  • Sombras (Marta Rivera de la Cruz)
  • La Traición de Natalie Hargrove (Lauren Kate)
  • El Secreto de Lucía Morke (Inés MacPherson)
  • Sombra Nocturna (Andrea Cremer)


Es un único sorteo, para un solo ganador, y que se efectuará en la medianoche del 25 de diciembre.

Este es el enlace a la entrada del sorteo en su blog, allí encontrarán las bases para participar. Yo ya lo hago y espero ganar algo una vez en la vida :))

¡Suerte para todos!

martes, 13 de diciembre de 2011

Reseña de El vuelo del ranoraky por Fantastic Wonderland


Fantastic wonderland

Susana (Susi) a través de su concurrido blog Fantastic Wonderland, escribió una reseña de mi novela El vuelo del ranoraky.
Es una verdadera emoción leer la primera reseña de mi obra y al mismo tiempo saber que fue bien valorada (4 sobre 5).

Sé que habrá más entrevistas y reseñas, por lo que voy a crear un ítem desde el menú para acceder fácilmente a las mismas.

Susana escribió, como parte de su comentario:

Una novela cargada de mensajes en pro de la lectura y de la naturaleza, pero nos lo va contando con personajes, sus vidas...
...es una buena lectura, imprescindible leer, aunque sea una vez en la vida.


Va mi agradecimiento para Susana y el mejor de los deseos de éxito para su blog.

¡Nos leemos!


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martes, 6 de diciembre de 2011

Miedo perro


Miedo perro - Sergio Cossa
Recuerda que un año atrás le dieron una pastilla.
Sus dueños pensaron que dejándolo mareado y medio estúpido por un sedante no iba a sufrir las explosiones. Pero estas igual sonaron como algo que se desgarró en su cerebro, causando estrechez en su corazón y palpitaciones frenéticas.
Lo acompañó la suerte de ser propietario de una larga cola y eso permitió que la metiera entre sus patas, para demostrar el miedo que sintió. ¿¡Cómo se las arreglaría si la naturaleza no lo hubiera dotado de semejante ayuda!? Solo quedaría expresarse con ojos de niño abandonado, con gemidos de garganta obstruida, porque ni un triste ladrido dejaría exhalar el miedo abismal.
Los días que lo llevan a pasear por el parque, suele encontrarse con compañeros de pulgas y juegos. Se cuentan de sus vidas y de sus miedos de perros. Él habla de su escondite preferido, bajo la gran cama del dueño: dos techos y la penumbra mitigan el atroz ruido. Otros sueltan palabras que describen escapes alocados de monstruos invisibles que los persiguen. Atronadores.
Intercambian historias acerca de lo que ocasionan las personas cuando se divierten con pólvora, como la del pastor alemán de la casa cercana al río. Ese que hacía de lazarillo de su dueño no vidente y que una tarde huyó de las explosiones mientras caminaban por la ribera. Al pobre humano lo rescataron cuando se hundía. La más reciente refiere de una madre vagabunda, que vivía con sus siete hijos en el hueco entre las raíces del pino de la plaza. Fueron tres los que cruzaron la avenida espantados y ella al socorrerlos no vio los neumáticos arrolladores…
Al regresar de esas juntas perrunas siente el deseo de cerrar tres dedos de su mano y solo dejar el anular extendido, para ladrarles a los humanos un fuck you grande como el hueso que tiene enterrado en el patio.
Momentos después de la comida le dieron unas gotas dulzonas. Quedó relamiéndose, saboreando el premio a vaya a saber qué. Pero luego se sintió embriagado y sus párpados cayeron sin resistencia. Recordó la pastilla de tiempo atrás y comprendió que estaba drogado. Dueños ignorantes. ¡Qué sabían ellos del terror!
Caminó dando tumbos, tropezando con las patas de mesas y sillas, mientras escuchaba las risas y los cometarios de “pobrecito”, hasta que se dejó caer en el césped del patio. Desde la nube de sus ojos observó al gato de la familia que parecía haber corrido su misma suerte. Se esforzaba por alcanzar la cima del muro, pero caía derrotado una y otra vez, hasta terminar recostado cerca de su enemigo. Sus miradas, que por lo habitual intercambiaban destellos de furia, se enlazaron en la tristeza y la impotencia.
Los estruendos multicolores, antes esporádicos, conquistaron el cielo nocturno compitiendo con las estrellas. El aire no era más que una masa cargada de olor a pólvora y a sus finos oídos llegaron aullidos lastimeros.
Entre esa madeja de sonidos, hubo uno que resonó claro, inconfundible: el grito del niño de la casa. Sacudió su cabeza en el intento de alejar la somnolencia y aunque fue inútil, igual corrió hacia la calle. La familia brindaba y él, en su carrera titubeante, golpeó la pequeña mesa que soportaba al árbol navideño, dejando detrás un reguero de adornos destruidos. Siguió corriendo hasta la esquina, detrás del sollozo que lo guiaba. Las explosiones se sucedían y cada paso era una batalla ganada al espanto que le provocaban. Un grupo de chicos rodeaba a su pequeño dueño, quien sentado en el cordón de la vereda, lloraba con sus manos ennegrecidas.
Cuando llegaron los adultos, persiguiéndolo por el desastre del árbol, lo encontraron lamiendo las manos y la cara del niño.
Después se durmió.
Lo despertaron las caricias de un par de manos vendadas y escuchó al jefe de la familia:
–¡Nunca más se usará pirotecnia en esta casa!
«Aprenden, muy lento, pero aprenden», pensó.


© Sergio Cossa 2011


Los invito a que difundan este cuento.

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sábado, 3 de diciembre de 2011

Concurso: Fantaseando entre libros

Concursos y sorteos - Sergio Cossa
Esta breve entrada inicia una serie de posts que incluiré a medida que me entere de concursos y sorteos interesantes que tengan que ver con la literatura y con el medio ambiente.
¿Quién no desea ganarse un buen libro o un viaje a la Polinesia? Bueno, al menos un buen libro.
Así que desde hoy, quien se pase por mi blog, también encontrará notas y enlaces a los sitios que organicen algún tipo de concurso que sea significativo difundir.

Y para iniciar la serie, ofrezco la posibilidad de ganar Isla de Nam, de Pilar Alberdi, a través del blog Fantaseando Entre Libros. Noelia, administradora de este blog de sueños y fantasías, lanzó el concurso de un ejemplar firmado de Isla de Nam para festejar los cien seguidores.
Pueden encontrar en mi barra derecha el banner con un enlace al mismo.

Los invito a que participen y les deseo toda la suerte. Bueno, en realidad me lo quiero ganar yo.

En los próximos días podrán leer más entradas como esta, con el fin principal de difundir la actividad de bloggers y escritores que amamos lo que hacemos.

¡Nos leemos!

viernes, 2 de diciembre de 2011

La felicidad (apenas una reflexión)


No la voy a definir, porque tiene tantas definiciones como seres humanos sobreviven. Por lo tanto, quien lea, piense en la suya y adapte el texto como más le guste.
Siempre afirmo que La Felicidad, como un estado constante, permanente, no existe. Que sí existen momentos felices. Momentos incluso de días, meses o años, que terminan y se transforman en otros estados. Por eso, buscar la felicidad como una meta, como un fin, me parece un derroche de energías.
¿Qué podría llevarnos a un estado de felicidad plena y permanente? ¿Otra persona? ¿Lo material? ¿Lo espiritual?
De ese modo llegaríamos a una felicidad dependiente, que termina cuando desaparece el vínculo, por la causa que sea. Sólo habremos vivido momentos felices.
Veámoslo desde una mirada individual.
¿Cómo hago a ser feliz para siempre, sin depender de nadie? ¿Qué es lo que me hace feliz por mí mismo?
Ahí entran en escena tres atributos relacionados: pensar, sentir y actuar de la misma forma.
Es decir, vivir con unidad interna.
Cuando vivimos con unidad, cuando hacemos lo que sentimos y pensamos (y las otras combinaciones) somos felices. Cuando entramos en contradicción. Cuando pensamos de un modo y actuamos de otro (y también con las otras combinaciones) nos sentimos mal. Tal vez tengamos ciertas sensaciones placenteras, pero nos engañamos. No somos felices.
Bien, ya tenemos la fórmula: pensar, sentir y actuar de la misma forma.
Si vivimos con unidad y armonía interna seremos felices plena y eternamente.
Ahora, seamos sinceros: ¿Cuántos de nosotros logramos implementar la fórmula completa?
No un día, ni un mes, sino en modo permanente.
¿Quién puede afirmar con total libertad que vive con unidad interna?
No un día, ni un mes.
¿Quién no ha transado algunos de los atributos, a cambio de hacer más llevadera una situación? ¿Qué tan a menudo lo hacen?
Cada vez que eso ocurre surge la contradicción, y adiós felicidad permanente.
Entonces, la fórmula es un éxito para lograr momentos felices.
Vivamos el mayor tiempo posible en unidad interna.
Pensemos, actuemos y sintamos en forma armónica cada vez que el mundo nos deje.
Eso nos garantizará unos hermosos estados de felicidad.
Mientras duren.

© Sergio Cossa 2011



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