viernes, 30 de marzo de 2012

3 microtextos 3


Microrrelatos - Sergio Cossa


GIRO ANTICIPADO
Prohibido girar en U. Giró en T.


VAPOR
“Mi esposo me matará”, acusó el espejo empañado.


SEMBLANTE
-¿Por qué te sonríes? –preguntó ella.
–No me sonrío: te sonrío –respondió la vida.
                                                                          (Gracias Vlanka)


© Sergio Cossa 2012

martes, 27 de marzo de 2012

Castigo extra


Castigo extra - Cielo - Infierno - Sergio Cossa


Todos los meses escribo un microrrelato para el blog Efecto Sinérgico.
El de marzo acaba de ser publicado y tiene por título "Castigo extra".
Lo pueden leer y comentar en este enlace.



© Sergio Cossa 2012

lunes, 26 de marzo de 2012

Pasión nocturna



Este micro llegó a las finales del concurso quincenal de Triple C.
La frase inicial era obligatoria.
Un gusto, realmente.

PASIÓN NOCTURNA

El final de cualquier anochecer la sorprenderá tejiendo sueños frente a la luna.
Su marido, mientras tanto, habrá iniciado un retorno presuroso de la oficina, con la convicción de que no deberá dilapidar un instante. Sus pensamientos agitándose en mares extraños, convulsionados. Su mirada escapando a los ojos cansados y apáticos de los demás pasajeros, aislándose de sus hedores penetrantes y de sus conversaciones sin sentido. Correrá hasta su casa, ávido, hambriento, con sus músculos rebosando adrenalina. Se quitará la ropa con movimientos desgarbados, agarrará dos trozos de carne del refrigerador y enfrentará los escalones rumbo a la azotea. Su piel cada vez más seca, sus gruñidos más roncos. Lo recibirán el frío y su hembra, bañada en plata y con un aullido en la garganta.

© Sergio Cossa 2012

viernes, 23 de marzo de 2012

Minicuentos por la Identidad



Minicuentos por la Identidad - Sergio Cossa


El sitio Cuentos y Más promueve este iniciativa en la que participan (hasta ahora) más de cien microrrelatos con el tema del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia en Argentina. No es un concurso, es la comprometida participación para recordar a las víctimas de la última dictadura militar en este país. Entre los participantes habrá un sorteo de libros y, como ya ocurrió el año pasado, algunos micros son publicados en diferentes periódicos y medios.
El que desee estar presente con un texto, tiene tiempo hasta el día 31 de marzo. Pueden usar este enlace para conocer las bases.

En mi caso, me incluyo con dos micros. El primero fue escrito también para el concurso ReC, aunque ya sabía que por el "tono" del mismo, no iba a ser seleccionado.

24-03

–… y además nos hace daño. Por eso repito que basta de hablar y escribir tanto sobre los hijos desaparecidos o los padres muertos en las calles. ¡Esto fue una guerra y todo estuvo permitido! ¡Yo sé muy bien lo que es sufrir por la pérdida de un hijo, cuando el mayor se me accidentó en la pista de esquí!
–El viejo empezó a delirar de nuevo. Si sigue gritando va a excitar a los otros internos.
–Quién diría… Las estrellas de general no lo pudieron proteger de su conciencia genocida. Veinte miligramos de Haloperidol.


ENERGÍA

Siempre creí en trascender a la muerte. Y tuve razón. Ahora soy recuerdo y memoria. Soy energía. Un bálsamo que barniza el dolor de mis seres queridos y entibia los pañuelos blancos. Un aguijón que se hunde una y otra vez en las conciencias de mis asesinos. Lo más placentero es cuando duermen y caen sus defensas. Me filtro entre sus sueños y se los transformo en pesadillas, mostrándoles imágenes de amor y justicia social. No lo suelen soportar y despiertan con gritos de pánico. Algunas veces escapan alucinados hasta el lugar donde se encuentra enterrado mi cuerpo anónimo.


© Sergio Cossa 2012


martes, 20 de marzo de 2012

Mecánica clásica


Vuelta de tuerca - Microrrelato - Sergio Cossa


  1. Tome un tornillo cualquiera
  2. Acomode en la rosca una tuerca de la medida.
  3. Coloque una llave en la tuerca.
  4. Gire la llave trescientos sesenta grados en sentido horario.
  5. Habrá obtenido la famosa vuelta de tuerca.

© Sergio Cossa 2012



viernes, 16 de marzo de 2012

Siembra vientos



Siembra vientos - Microrrelato - Sergio Cossa


Ingresó a la oficina pública de jubilaciones con un carpetón repleto de folios bajo el brazo. Buscó un asiento, paciente, y aguardó su turno. Cuando la funcionaria gruñó su número, se acercó a la ventanilla con paso tranquilo y comenzó su explicación del motivo del trámite. Le dijo que era la quinta vez que iba, y que esperaba que ella se mostrase más competente y considerada que el hombre que lo había atendido con anterioridad. Ese de dientes amarillos y mal aliento. El empleado mal educado y prepotente, que ostentaba el cuello sucio de su camisa y el cabello grasiento. El que cada vez lo obligaba a esperar horas mientras deambulaba por la oficina bromeando con sus compañeros. El que siempre le pedía un nuevo papel  que debía traer al día siguiente. Ese que encontraron muerto a martillazos anoche en un callejón.

© Sergio Cossa 2012

martes, 13 de marzo de 2012

Seres queridos


Cementerio de aviones - Microrrelato - Sergio Cossa

Cuando los viajeros recorren la Ruta 66 a través del desierto de Mojave, son acompañados por cactus esqueléticos y por los tintineos filosos de las cascabel. El páramo los lastima con temperaturas superiores a cincuenta grados y la desolación suele ganar sus corazones. Pero una vez al año, flores incontables colman sus sentidos de aroma y color. Las depositan miles de pilotos, comandantes de vuelo y azafatas, quienes cada Día Internacional de la Aviación concurren a visitar a sus seres queridos al cementerio de aviones de Tucson.


© Sergio Cossa 2012

sábado, 10 de marzo de 2012

La máquina




Mientras escribo esta serie de doscientos microtextos con la idea de publicarlos en los próximos meses, me surge un nuevo proyecto. Dos micros que tienen que ver con la máquina del tiempo me entusiasmaron a llevar adelante una serie con esa temática. Ya terminé varios, algunos de los cuales incluiré en esta serie y otros que esperarán por la siguiente.

Acá dejo los dos primeros. La idea es que no necesariamente tengan relación entre sí. No será una novela de micros.

LA MÁQUINA I

Luego de retrocesos y avances de pocos días a modo de prueba, decidí arriesgar un salto más lejano. Opté por terreno conocido y aparecí en mi infancia. Allí estaban mis padres, más jóvenes que yo en la actualidad. También los objetos que recordaba inmensos, como ese paredón bajo, del cual saltaba imitando el vuelo de mis héroes.
La máquina funcionaba a la perfección y avancé unos años hasta mi juventud. Época de amigos que aún conservo y de ese amor que fue como un estallido de planetas y que ahora ni.


LA MÁQUINA II

El primer impulso luego de que la máquina funcionara correctamente, fue averiguar el número premiado en la lotería del próximo fin de año. Que él ganara todo ese dinero solo figuraría una enorme suerte y solucionaría los aprietos económicos que le habían causado la construcción de la misma.
Después del único intento que realizó, desistió de volver a efectuar esos viajes. Solo visitaría el pasado. Conocer el futuro quitaba el entusiasmo de vivir el presente y podía enfrentarlo a situaciones dolorosas, como la de descubrir solo un plato en la mesa y la mitad del guardarropa vacía.


© Sergio Cossa 2012

jueves, 8 de marzo de 2012

Hoy su cara está en todas las remeras


Che Guevara - microrrelato - Sergio Cossa

–Abuelo, ¿de qué son estas medallas que tienes en el pecho?
–Son de muchas guerras, hijo. Yo fui un héroe de guerra.
–¿Y por qué esta estrella es más grande que las otras?
–A esta me la otorgó el Congreso, porque libré a nuestro país de un temible enemigo.
–¡¿Uno solo?! ¿Era muy peligroso?
El abuelo, con el nieto sentado en sus rodillas, narró la historia de la medalla.
–Hace muchos años, unos guerrilleros comenzaron una revolución en Cuba, esa isla donde fuiste de vacaciones con tus padres. Decían que el gobierno cubano explotaba a su pueblo. Nosotros los mirábamos con desconfianza, porque nuestro país dominaba la isla.
»Cuando esa revolución triunfó y los guerrilleros demostraron que eran muy fuertes, nos preocupamos y enviamos barcos para aislarlos y debilitarlos. Pero no pudimos.
»Después, uno de sus líderes, un argentino, intentó hacer lo mismo que en Cuba, en otros países que nosotros dominábamos. Supimos que estaba en Bolivia, un lugar desconocido… por el sur. No permitiríamos que las ideas cubanas se extendieran al resto del continente. ¡Sería terrible para nuestros valores y nuestra libertad! Entonces el gobierno me envió para que comandara la guerra contra los revolucionarios.
»Fue muy difícil, pero al final los vencimos. Y yo mismo di la orden de matar al líder.
»Por eso fue que me premiaron con esta gran estrella... Pero nuestro pueblo fue desagradecido y pronto se olvidó de mí. Solo me queda la medalla. En cambio, a ese guerrillero aún hoy lo recuerdan en todo el mundo con fotos y canciones…
El abuelo, irritado, dejó a su nieto en el suelo y caminó vacilante hacia el patio.
–Y sus malditos ojos que miran la eternidad todavía me provocan pesadillas –masculló.


© Sergio Cossa 2012

miércoles, 7 de marzo de 2012

Hipoacusia


Hipoacusia - Microrrelato - Sergio Cossa

El anciano escritor se retiró colérico de la reunión en la cual homenajeaban su prolífica carrera. Blandía su bastón amenazador mientras gritaba que nunca fue un marica. El presentador, desconcertado, solo atinó a remarcar que había elogiado la originalidad de la obra, la cual se basaba en su carácter trans-tex-tual.


© Sergio Cossa 2012

lunes, 5 de marzo de 2012

Código de barras



Código de barras - Sergio Cossa


Microrrelato participante del concurso ReC. El inicio obligatorio fue: Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel. La extensión no debía superar las cien palabras, sin contar la frase inicial. 


Código de barras


Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel. Mi mente se aclara y comprendo que yo también los tengo. No son números, sino signos extraños que brillan en la penumbra. Y el reloj es un grillete que me sujeta a la pared metálica. Escucho llantos y voces que colman el recinto. Somos decenas de mujeres y hombres desnudos y encadenados. Me penetra el olor a desechos humanos.
La puerta se desliza y un monstruo negro y antropomórfico ingresa con látigos eléctricos en sus cuatro brazos. El miedo afloja mis intestinos. Las cadenas se sueltan y salimos lastimados por sus azotes, mientras afuera aguardan los mercaderes de esclavos galácticos.


© Sergio Cossa 2012